La comunidad de la Parroquia San Roque de Montpellier celebró su fiesta patronal bajo el lema “Puerta de la Misericordia”. En la Santa Misa, Monseñor José Adolfo Larregain invitó a mirar a Jesús en medio de las dificultades y a transformar la fe en cercanía con quienes sufren.
Una comunidad que caminó detrás de su patrono
La celebración se realizó este domingo 16 de agosto y comenzó con la tradicional procesión por las calles de la comunidad. A las 18, los fieles acompañaron con oración y devoción la imagen de San Roque de Montpellier, renovando una tradición que reúne cada año a familias y devotos en torno a su santo patrono.
Al finalizar el recorrido, se celebró la Santa Misa, presidida por el arzobispo de Corrientes, Monseñor José Adolfo Larregain OFM. La jornada fue una expresión de fe, encuentro y comunión, con una invitación central: que cada creyente pueda convertirse también en una puerta abierta de misericordia para los demás.
La celebración contó además con el acompañamiento de Radio San Cayetano 102.5, que realizó una transmisión especial para acercar la fiesta patronal a quienes no pudieron participar presencialmente.
“¡Señor, socórreme!”
Durante su homilía, Monseñor Larregain tomó como punto de partida el Evangelio de la mujer cananea, que se acerca a Jesús en medio del sufrimiento de su hija y clama: “Señor, socórreme”.
El Arzobispo señaló que aquella súplica también puede ser la oración de quienes atraviesan situaciones que los desbordan: problemas familiares, dificultades económicas, enfermedades, preocupaciones por los hijos y nietos o distintas angustias que pueden hacer perder la paz y la esperanza.
La mujer cananea, sin embargo, no abandona su confianza. Permanece junto a Jesús y persevera hasta escuchar de sus labios: “Mujer, ¡qué grande es tu fe!”. Para Monseñor Larregain, este relato recuerda que creer no significa vivir sin dificultades, sino aprender a atravesarlas con la certeza de que Dios permanece cerca.
No mirar solamente las olas
El Arzobispo vinculó esta escena con el Evangelio de Pedro caminando sobre las aguas. Mientras mantiene la mirada en Jesús logra avanzar, pero comienza a hundirse cuando concentra su atención en la fuerza del viento y de las olas.
“No mires tanto las olas y el viento. Mírame a mí”, explicó Monseñor Larregain al recuperar el sentido de aquel pasaje.
La imagen propone una clave para afrontar las dificultades cotidianas: los problemas forman parte de la vida, pero no tienen por qué convertirse en el horizonte definitivo. La fe permite atravesarlos con esperanza, confiando en que Cristo sostiene incluso cuando las respuestas no aparecen inmediatamente.
San Roque y el desafío de ser providencia
La figura de San Roque permitió llevar esa reflexión hacia una dimensión concreta. El santo, recordado por su servicio a los enfermos, especialmente a quienes padecían la lepra, experimentó también el sufrimiento y la enfermedad.
Según la tradición, durante su aislamiento un perro acudía diariamente para llevarle un pan. Para el Arzobispo, este relato constituye una imagen de la providencia de Dios, pero también una llamada para que cada cristiano pueda convertirse en providencia para quien atraviesa una necesidad.
Por eso, el pan bendecido y compartido en la fiesta no representa solamente el alimento material. Es también una invitación a mirar al que sufre y ofrecerle una mano, una palabra, una ayuda o simplemente la presencia de alguien que esté dispuesto a acompañarlo.
“Que no solamente nos quedemos con el pan de cada día”, pidió Monseñor Larregain, al recordar también la necesidad del Pan de la Palabra y del Pan de la Eucaristía. La vida cristiana encuentra allí su alimento y su fuerza para salir al encuentro de los demás.
Una Iglesia que no permanece indiferente
La celebración de San Roque renovó así un mensaje profundamente ligado a la misericordia cristiana: nadie debería atravesar solo su sufrimiento.
La fe que se alimenta de la Palabra y de la Eucaristía está llamada a expresarse en obras concretas de solidaridad, acompañamiento y servicio. La misericordia no se limita a sentir compasión por quien sufre, sino que impulsa a acercarse y comprometerse con su realidad.
En ese sentido, el lema de la fiesta —“Puerta de la Misericordia”— adquiere una dimensión concreta. Cada familia, cada comunidad y cada creyente pueden convertirse en un espacio donde quien está herido encuentre acogida, escucha y esperanza.
Al finalizar la celebración, Monseñor Larregain encomendó a San Roque a las familias, a la comunidad parroquial, a los devotos y, especialmente, a los enfermos y a quienes atraviesan situaciones difíciles.
La fiesta patronal dejó así una invitación sencilla pero profunda: aprender de la mujer cananea a perseverar en la fe, mirar a Jesús en medio de las tormentas y seguir el ejemplo de San Roque para compartir el pan y acompañar a quienes más necesitan.
“¡Señor, socórreme!” puede ser la oración que sostenga nuestros pasos. Y la respuesta puede comenzar también con nosotros, cuando decidimos convertirnos en instrumentos de la misericordia de Dios.
San Roque de Montpellier, ruega por nosotros y por todas nuestras familias.










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