San Agustín aprendió de un niño el misterio más profundo

Este articulo se publico el día
28 de agosto de 2026

Corría el año 415 y san Agustín paseaba por la playa en un día soleado. Estaba frustrado, pues se había tomado un descanso de su trabajo en lo que se conoce como una de sus mayores contribuciones doctrinales a la Iglesia, De Trinitate, o “Sobre la Trinidad”. El tema sobre este misterio le había dejado exhausto y necesitaba aire fresco.

Misterios que requieren de nuestra fe

A lo largo de los siglos, muchos grandes pensadores han especulado sobre esta leyenda. ¿Era el niño un ángel? ¿Era el propio Cristo? Muchos han tomado las palabras del niño al pie de la letra, concluyendo que es imposible que el hombre comprenda la Trinidad, así que ¿para qué intentarlo?

¿Podría ese niño meter todo el océano en su pequeño agujero? Claro que no, igual que san Agustín no podía meter todo el misterio de la Santísima Trinidad en su cerebro de una vez.

Pero, ¿podría el niño meter un poquito de agua salada en el agujero de arena, antes de que se hundiera, nutriendo la tierra? Sí, ese es el mismo modo en que Dios suele transmitirse a nosotros: poco a poco o gota a gota.

Curiosamente, san Agustín, más conocido por grandes obras como las Confesiones y Ciudad de Dios, trabajó en De Trinitate durante más de 30 años sin llegar a terminarla. ¿O no? Quizá dejar inacabado este tratado sobre un misterio tan extraordinario fuera el mejor final de todos.

 

Fuente: www.es.aleteia.org 

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