En la 40° Peregrinación de los Trabajadores y sus Familias a San Cayetano, el Padre Daniel Masares invitó a confiar en Dios y a mantener la mirada puesta en Jesús. Su homilía destacó tres pedidos fundamentales que habitan el corazón del pueblo: paz, pan y trabajo.
Una peregrinación sostenida por la esperanza
Miles de fieles participaron de la 40° Peregrinación de los Trabajadores y sus Familias a San Cayetano, renovando una tradición profundamente arraigada en la fe del pueblo correntino. En ese marco, el Padre Daniel Masares, Vicario General de la Arquidiócesis de Corrientes, centró su homilía en tres grandes intenciones que acompañan el caminar de los peregrinos: paz, pan y trabajo, animando a todos a confiar en la intercesión de San Cayetano y a mantener siempre la mirada puesta en Jesús.
Inspirado en el Evangelio de Pedro caminando sobre las aguas, recordó que el discípulo pudo mantenerse firme mientras permanecía con la mirada fija en el Señor. Del mismo modo, invitó a afrontar las dificultades de la vida con esperanza, sabiendo que Dios no abandona a quienes confían en Él.
“Queremos la paz, que seamos constructores de paz”
El primer pedido estuvo dedicado a la paz, entendida no solo como ausencia de conflictos, sino como la serenidad profunda que Dios regala al corazón humano. El sacerdote señaló que cuando falta la paz en la familia, en el trabajo o en la vida cotidiana, incluso las tareas más simples se vuelven pesadas y difíciles.
Pidió a San Cayetano la gracia de recibir “la brisa suave de la presencia de Dios”, capaz de traer calma, fortaleza y confianza, y exhortó a los presentes a convertirse también ellos en constructores de paz en sus hogares, comunidades y lugares de trabajo.
La Iglesia recuerda que la paz verdadera nace de un corazón reconciliado con Dios y se expresa en relaciones marcadas por el respeto, el perdón y la búsqueda del bien común. Por eso, trabajar por la paz es también una forma concreta de servir a los demás y de construir una sociedad más fraterna.
El pan para una vida digna
El segundo gran pedido fue el pan, símbolo de todo aquello que sostiene una vida verdaderamente humana. El Padre Masares recordó que el pueblo peregrino busca el pan material necesario para vivir con dignidad, pero también otros panes indispensables: el afecto, la verdad, la justicia, la solidaridad y los vínculos fraternos.
Destacó especialmente la hospitalidad del pueblo correntino, visible en los numerosos gestos de generosidad que acompañaron la peregrinación, e invitó a que esa capacidad de compartir no quede limitada a un día de fiesta, sino que transforme también la vida cotidiana.
Cuando las personas son capaces de unirse y trabajar juntas por un bien común, florecen relaciones más humanas y comunidades más solidarias, donde nadie queda excluido del pan material ni del pan espiritual que alimenta el corazón.
El trabajo como vocación y servicio
El tercer pedido estuvo dirigido al trabajo, presentado como una realidad que dignifica a la persona y le permite sostener a su familia y servir a la comunidad. El sacerdote recordó que el mismo Hijo de Dios conoció la experiencia del trabajo cotidiano, otorgándole un profundo valor humano y espiritual.
Pidió que cada tarea realizada pueda convertirse en una ofrenda agradable a Dios y en un servicio generoso a los hermanos, y que el salario permita vivir con la dignidad que toda persona merece. También tuvo una especial cercanía con quienes atraviesan el dolor del desempleo, encomendando a San Cayetano a quienes buscan una oportunidad laboral y una fuente de sustento para sus hogares.
Como Pedro, mantener la mirada en Jesús
Retomando el Evangelio, el Padre Daniel recordó que Pedro pudo caminar sobre las aguas mientras mantuvo su confianza en el Señor. Esa imagen se convirtió en el llamado central de la homilía: no dejar de mirar a Jesús, especialmente cuando aparecen el miedo, la incertidumbre o el cansancio.
Recordó que San Cayetano siempre conduce hacia Cristo y que su cercanía al pueblo expresa el deseo de Dios de acompañar a cada persona en sus luchas, trabajos y esperanzas. Por eso, animó a los fieles a escuchar nuevamente las palabras del Señor: “No tengan miedo. Levántense. Ánimo”.
Los jóvenes, presente y futuro de la Iglesia
En el tramo final de la celebración, el sacerdote dirigió un saludo especial a los numerosos jóvenes presentes, destacando que ellos aportan un verdadero pan para las comunidades: su energía, creatividad, alegría, generosidad y capacidad de soñar.
Los animó a asumir con responsabilidad la continuidad de esta histórica peregrinación y les recordó que son presente y futuro de la Iglesia correntina, llamados a ser testigos del Evangelio para las nuevas generaciones.
Al concluir la Eucaristía, toda la comunidad elevó una oración confiada para que, por intercesión de San Cayetano, nunca falten en los hogares correntinos la paz, el pan y el trabajo, y para que cada peregrino regrese fortalecido en la fe y renovado en la esperanza.










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