En la Misa de asunción del Presbítero Nelson Benítez Zini como Capellán de la Policía Federal Argentina en Corrientes, el arzobispo de Corrientes invitó a descubrir que la verdadera autoridad se realiza en el servicio y que la Iglesia está llamada a acompañar a quienes cuidan a la comunidad.
Un llamado a servir con corazón de pastor
Durante la Santa Misa por la asunción del Presbítero Nelson Benítez Zini como Capellán de la Policía Federal Argentina en Corrientes, Mons. José Adolfo Larregain, arzobispo de Corrientes, ofreció una profunda reflexión sobre la misión de la Iglesia junto a quienes tienen la responsabilidad de proteger a la sociedad y promover el bien común.
Tomando como punto de partida la primera lectura del profeta Jeremías, el arzobispo presentó la imagen del Divino Alfarero, que vuelve a modelar la vasija que parecía haberse arruinado. A partir de esa escena bíblica recordó que Dios nunca abandona su obra, sino que, con paciencia y misericordia, reconstruye la vida de las personas, fortalece a las comunidades y renueva constantemente la esperanza.
Detrás de cada uniforme hay una persona
Mons. Larregain explicó que esta imagen expresa también la misión del capellán, llamado a ser un instrumento de Dios en medio de quienes integran las fuerzas de seguridad, acompañando, consolando, orientando y sosteniendo espiritualmente a hombres y mujeres que muchas veces sirven en silencio y con gran entrega.
En otro momento de la homilía destacó que detrás de cada uniforme existe una persona, con una historia, una familia, alegrías, sufrimientos, heridas y sueños. Recordó que nadie puede reducirse a un cargo o a una función, porque cada integrante de las fuerzas de seguridad posee una dignidad que merece ser respetada y acompañada.
Esa mirada coincide con la enseñanza permanente de la Iglesia, que invita a reconocer el valor de toda persona humana y a comprender que la autoridad alcanza su verdadera grandeza cuando se ejerce como servicio orientado a la justicia, la paz y el bien común.
Una presencia necesaria de la Iglesia
Al reflexionar sobre el Evangelio, el arzobispo afirmó que la presencia pastoral en las fuerzas de seguridad no es un simple gesto protocolar, sino una auténtica necesidad humana y espiritual. Allí donde existen responsabilidades, sacrificios, riesgos y decisiones difíciles, la Iglesia desea estar presente para ofrecer la cercanía de Cristo, fortalecer la conciencia y alimentar la esperanza.
Como testimonio de esa realidad, compartió una experiencia vivida durante la pandemia, cuando un efectivo policial se acercó espontáneamente para confiarle el difícil momento que atravesaba su familia. Ese encuentro, explicó, le recordó que quienes visten un uniforme también necesitan ser escuchados, comprendidos y sostenidos en la fe.
Dirigiéndose especialmente al Padre Nelson Benítez Zini, lo exhortó a ejercer este ministerio con un auténtico corazón de pastor, siendo un sacerdote cercano, dispuesto a escuchar antes que hablar, a comprender antes que juzgar y a llevar siempre una palabra de esperanza. También lo animó a ser un signo de unidad entre las distintas fuerzas de seguridad y un constructor permanente de puentes de diálogo y fraternidad.
Bajo el amparo de la Virgen de Itatí
Al concluir la celebración, Mons. Larregain agradeció a las autoridades presentes por valorar la dimensión espiritual dentro del servicio público y destacó que una sociedad se fortalece cuando quienes tienen la misión de cuidar a los demás alimentan también su vida interior, sus valores y el sentido profundo de su vocación.
La Eucaristía culminó con una oración a Nuestra Señora de Itatí, encomendándole el ministerio del nuevo capellán y pidiendo su protección sobre la Policía Federal Argentina, las fuerzas de seguridad y toda la provincia de Corrientes. La imagen del Divino Alfarero quedó como el mensaje central de la jornada: Dios continúa modelando el corazón de su pueblo para hacerlo instrumento de su amor, de su paz y de la esperanza que nunca se agota.










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