Las apariciones de la Virgen a Santa Bernardita en 1858 marcaron la historia de la Iglesia con un llamado a la conversión, la oración y la confianza en Dios, especialmente para los enfermos y quienes sufren.
¿Qué ocurrió?
En el año 1858, la Virgen María se apareció en 18 ocasiones a Santa Bernardita Soubirous, una niña humilde de 14 años.
¿Quiénes fueron los protagonistas?
La joven Bernardita y la Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de Lourdes.
¿Cuándo y dónde?
Las apariciones tuvieron lugar entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858, en la gruta de Massabielle, en la ciudad de Lourdes, Francia.
Durante una de las apariciones, el 25 de marzo, María se presentó con la expresión: “Yo soy la Inmaculada Concepción”, confirmando desde el cielo el dogma proclamado cuatro años antes por el Papa Pío IX. En ese mismo contexto, la Virgen pidió a Bernardita que escarbara el suelo, de donde brotó una fuente de agua que con el tiempo se convirtió en signo de sanación y gracia. Numerosas curaciones físicas y espirituales vinculadas a esta agua fueron estudiadas y varias reconocidas oficialmente como milagros.
¿Por qué es importante este acontecimiento?
El mensaje de Lourdes es un llamado permanente a la oración, la penitencia y la conversión del corazón. La Virgen invitó al rezo del Rosario y a confiar en la misericordia de Dios, especialmente en medio del dolor y la enfermedad. Tras un cuidadoso discernimiento, el 18 de enero de 1862, el Obispo de Tarbes reconoció oficialmente la autenticidad de las apariciones, dando origen al Santuario de Lourdes, uno de los principales destinos de peregrinación del mundo.










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