En la toma de posesión del padre Roberto Pini en la Parroquia San Benito, el arzobispo monseñor José Adolfo Larregain recordó al padre Juan a cuatro meses de su fallecimiento, agradeció a quienes sostuvieron a la comunidad y exhortó a vivir una fe coherente, libre y comprometida.
Memoria agradecida y duelo compartido
En el marco de la asunción del nuevo párroco, monseñor José Adolfo Larregain inició su homilía recordando que se cumplieron cuatro meses de la partida del padre Juan, subrayando que la comunidad atravesó un “duelo teologal”.
El arzobispo explicó que cuando muere un sacerdote “son tres las familias que se ven afectadas”: la familia de sangre, el cuerpo presbiteral y la familia parroquial. En ese sentido, agradeció especialmente a los sacerdotes y diáconos que acompañaron este tiempo, entre ellos el padre Daniel Mazares, el padre Nelson —como decano— y el diácono Miguel Jara.
Con tono cercano y pastoral, reconoció que la falta de sacerdotes es una realidad que no se resuelve con rapidez y pidió comprender que “no es reemplazar personas como quien cambia un objeto”, sino asumir el dolor y la historia compartida.
Una nueva etapa para San Benito
Al referirse al inicio del ministerio del padre Roberto Pini, el arzobispo dio gracias a Dios por esta nueva etapa para la comunidad de San Benito y encomendó su servicio a la protección de San Benito de Nursia.
Pidió que el nuevo párroco sea “heraldo del Evangelio”, capaz de anunciar la Palabra con alegría, esperanza y confianza, fortaleciendo a una comunidad que viene de atravesar meses de incertidumbre.
Dos caminos: libertad y responsabilidad
Tomando la primera lectura, Larregain recordó la antigua catequesis de la Didajé sobre los “dos caminos”: el del bien y el del mal. Subrayó que Dios nos hizo libres y que cada persona debe elegir responsablemente, asumiendo las consecuencias de sus decisiones.
En esa línea, invitó a no quedarse en una fe superficial o meramente externa. “No basta parecer buenos; hay que serlo de verdad”, afirmó, advirtiendo sobre el riesgo de una justicia basada solo en la apariencia, como la que Jesús cuestiona en el Evangelio respecto de escribas y fariseos.
Afinar la conciencia en tiempos de violencia
Con una imagen pedagógica, comparó la vida espiritual con el oído musical: así como el oído se educa para distinguir notas y silencios, la conciencia debe afinarse para percibir lo que sucede en el corazón.
Advirtió también sobre las múltiples formas de violencia actuales, desde la agresividad cotidiana hasta el “terrorismo de las redes”, e invitó a desarmar las palabras de violencia y a ser instrumentos de paz. Recordó el llamado del Papa Francisco a cuidar el lenguaje y no herir con lo que se dice.
“Cuando es sí, es sí; y cuando es no, es no”, expresó, alentando a vivir con coherencia y valentía, sin intentar “quedar bien con Dios y con el diablo”.
Un llamado a la coherencia evangélica
La homilía cerró con una invitación clara: ser personas rectas, verdaderas y comprometidas con el Reino de los Cielos. En un tono firme pero misericordioso, el arzobispo llamó a sostener con la vida lo que se proclama con los labios.
Así, entre la memoria agradecida y la esperanza renovada, la comunidad de San Benito comienza una nueva etapa pastoral, confiando en que el Señor acompaña y sostiene cada proceso, incluso en medio del dolor.










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