En la Misa de la 47ª Peregrinación Juvenil del NEA, monseñor Hugo Barbaro llamó a los jóvenes a aspirar a grandes ideales y a descubrir que la santidad puede vivirse en la universidad, el trabajo, la familia, el deporte y cada ámbito de la vida.
La santidad puede parecer, a primera vista, un ideal reservado para personas extraordinarias. Sin embargo, el mensaje de monseñor Hugo Barbaro durante la Peregrinación Juvenil del NEA planteó justamente lo contrario: la santidad puede comenzar en las decisiones concretas de todos los días.
Durante la Misa central celebrada en la Basílica de Itatí, el obispo animó a los jóvenes a “aspirar a cosas grandes, a la santidad” y a no conformarse con menos. No se trata de alejarse de la realidad, sino de vivir la fe en los lugares concretos donde cada persona desarrolla su vida.
Universidad, trabajo, familia, deporte y amistades aparecen así como espacios donde también es posible vivir el Evangelio.
Carlo Acutis: una vida joven marcada por la fe
Para explicar esta propuesta, Barbaro recurrió al testimonio de san Carlo Acutis, joven que hizo de la Eucaristía un centro de su vida y que también se destacó por su sensibilidad frente a las necesidades de los demás.
El obispo recordó especialmente su participación frecuente en la Eucaristía y su compromiso con la solidaridad y la caridad. También mencionó su experiencia con el sacramento de la Reconciliación y aquella expresión que utilizaba después de confesarse: “Qué livianito estoy”.
El testimonio permite comprender que la vida espiritual no se limita a una práctica religiosa aislada. La oración y los sacramentos pueden convertirse en una fuente desde la cual renovar la manera de mirar, decidir y relacionarse con los demás.
“Pensar como cristiano, vivir como cristiano”
Barbaro propuso a los jóvenes cultivar la amistad con Jesucristo mediante la oración, la adoración, la comunión eucarística, la confesión frecuente y la caridad generosa.
Su llamado final fue concreto: “pensar como cristiano, vivir como cristiano, amar como cristiano, servir como cristiano”.
También recordó el episodio evangélico de Pedro caminando sobre el agua. La imagen sirvió para animar a los jóvenes a confiar en Cristo incluso frente a aquello que parece imposible.
La santidad, desde esta perspectiva, no consiste en una vida perfecta ni alejada de las dificultades. Es un camino cotidiano de confianza, conversión, servicio y amor. Y puede comenzar allí mismo donde cada joven se encuentra.










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