El arzobispo de Corrientes, monseñor José Adolfo Larregain, presidió este sábado 3 de mayo la misa solemne por la Fiesta de la Santísima Cruz de los Milagros y lanzó un mensaje contundente ante miles de fieles: frente a las heridas económicas, la fragmentación social y la indiferencia, la fe debe traducirse en gestos concretos de fraternidad y justicia.
Miles de correntinos colmaron este sábado el Santuario de la Cruz de los Milagros y sus alrededores para celebrar una de las fiestas más arraigadas en la identidad de la ciudad. La jornada arrancó desde temprano con misas sucesivas y culminó con una emotiva procesión por las calles céntricas y la misa solemne presidida por el arzobispo monseñor José Adolfo Larregain.
Fue en ese marco que el titular de la Arquidiócesis de Corrientes pronunció una homilía de fuerte contenido social y espiritual, con la mirada puesta tanto en el Evangelio como en la realidad que atraviesa el pueblo correntino.
Larregain tomó como eje el texto de Juan 14, donde Jesús se presenta como “el Camino, la Verdad y la Vida”, y desde allí tendió un puente hacia el presente: “Estas palabras, pronunciadas en un momento de incertidumbre para los discípulos, resuenan hoy con particular fuerza en medio de nuestras propias inquietudes, de los desafíos sociales y de los dolores que atraviesa nuestro pueblo”, dijo el arzobispo ante la asamblea de fieles.
El prelado fue directo al señalar los males de época. Habló de fragmentación, indiferencia y confrontación como males que corroen el tejido social, y llamó a la comunidad a convertirse en “testigos de una fraternidad concreta”. “La caridad cristiana se vuelve creíble cuando se hace cercanía, cuando se traduce en gestos sencillos pero verdaderos”, afirmó, en una alocución que no esquivó las tensiones económicas ni las incertidumbres que pesan sobre la provincia y el país.
En ese sentido, el arzobispo reivindicó una fe que no mira para otro lado: “Creer no es evadir la realidad, sino atravesarla con la certeza de que el Señor camina a nuestro lado.” Y citó tanto al papa Francisco como al papa León XIV —el nuevo pontífice— para sostener que la fe auténtica compromete más hondamente con la historia y con las situaciones concretas de los pueblos.
Larregain también rescató el sentido fundacional de la Cruz de los Milagros. Según la tradición, el milagro consistió en la incombustión de la cruz ante los intentos de quemarla, y muchos han interpretado ese prodigio no solo como un hecho sobrenatural, sino como el inicio de una convivencia posible entre españoles, criollos y aborígenes. El arzobispo retomó esa lectura de paz: “La Cruz de los Milagros no solo protegió a un pueblo naciente; también lo convocó a vivir en comunión, a sostenerse mutuamente, a crecer como hermanos.” Arzcorrientes
El mensaje de Larregain no se limitó a la espiritualidad individual. Con tono pastoral pero sin rodeos, el arzobispo instó a “tender puentes, a cuidar a los más frágiles, a no quedarnos en palabras vacías”. La referencia a las “heridas económicas” y las “tensiones sociales” que atraviesa la sociedad fue explícita, en un contexto provincial marcado por la parálisis de obras públicas y la incertidumbre laboral.
La homilía cerró con una doble invocación: a la Cruz de los Milagros y a Nuestra Tiernísima Madre de Itatí, los dos grandes símbolos de la religiosidad correntina. “Que la Cruz de los Milagros siga siendo para todos nosotros signo de la presencia de Dios que nunca abandona a su pueblo… y que nos anima a reconstruir la vida desde el amor, la paz y la sencillez”, concluyó el arzobispo.
El Día de la Cruz de los Milagros es una de las expresiones más arraigadas de la religiosidad popular correntina y año tras año convoca a miles de personas que se acercan a agradecer y renovar su fe. Esta edición 2025, la primera con Larregain como arzobispo titular, quedó marcada por un llamado inequívoco: que la fe no sea adorno, sino compromiso vivo con el prójimo y con la historia del pueblo correntino.










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