La Iglesia celebró ayer una de las solemnidades más importantes del calendario cristiano, con un llamado fuerte a pasar de la fe a la acción.
Ayer, la Iglesia Católica celebró la Solemnidad de la Ascensión del Señor, una fecha que recordó el momento en que Jesucristo ascendió al cielo cuarenta días después de la Resurrección. Pero más allá de lo litúrgico, el mensaje volvió a apuntar a algo mucho más concreto: la necesidad de comprometerse con el mundo y no quedarse solamente en la contemplación.
La celebración marcó el cierre del ciclo pascual y puso el foco en una escena fuerte del Evangelio: los discípulos mirando al cielo mientras Jesús asciende y los ángeles les recuerdan que deben volver a la tierra y continuar la misión. Ahí está el núcleo del mensaje cristiano de esta solemnidad: la fe no es quedarse esperando, sino salir a actuar.
En distintas celebraciones alrededor del mundo, el llamado fue claro. La Ascensión no significa ausencia, sino presencia distinta. Según la enseñanza de la Iglesia, Cristo asciende, pero deja una misión concreta: anunciar el Evangelio y construir esperanza en medio de una realidad atravesada por crisis, guerras y desesperanza.
El Papa Francisco también había reflexionado sobre esta solemnidad al señalar que la esperanza cristiana no puede convertirse en pasividad. En su homilía, remarcó que el mundo necesita personas capaces de transmitir esperanza con hechos concretos y no solo con discursos.
La Ascensión volvió a dejar una idea incómoda pero directa: mirar al cielo no sirve de mucho si después no se transforma la realidad que está abajo. Porque, para la Iglesia, la fe verdadera no se vive escapando del mundo, sino haciéndose cargo de él.










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