La 47ª Peregrinación Juvenil del NEA culminó con la celebración de la Misa central en la Basílica de Nuestra Señora de Itatí. Bajo el lema “Caminamos con María para sanar, soñar y servir”, jóvenes de distintas diócesis llegaron al santuario para compartir su fe, llevar sus intenciones y renovar su compromiso cristiano.
Un camino que terminó en la casa de María
Después de una extensa peregrinación, miles de jóvenes del Nordeste Argentino llegaron a Itatí para participar de la celebración central de una de las expresiones de fe más convocantes de la región.
El camino estuvo marcado por oraciones, agradecimientos e intenciones personales y comunitarias que cada peregrino llevó consigo hasta el santuario. La llegada a la Basílica significó así mucho más que el final de un recorrido: fue el encuentro de una comunidad que caminó unida hacia María.
La Misa fue presidida por el arzobispo de Corrientes, monseñor José Adolfo Larregain, y concelebrada por monseñor Hugo Barbaro, obispo de San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña, junto con obispos y sacerdotes de las distintas diócesis del NEA.
Caminar juntos también es una forma de anunciar
El lema de esta edición, “Caminamos con María para sanar, soñar y servir”, puso en palabras el sentido profundo de la experiencia. Caminar implica dejar atrás la comodidad, compartir el esfuerzo y descubrir que la fe también se vive junto a otros.
En una sociedad atravesada por desafíos y búsquedas, la presencia de miles de jóvenes reunidos en torno a la Virgen constituye además un signo de esperanza. Cada uno llega con su propia historia, pero todos encuentran un espacio común para agradecer, pedir, encontrarse y mirar hacia adelante.
La experiencia cristiana entiende la comunidad como un lugar donde nadie debería caminar solo. La fe se fortalece cuando se comparte y cuando se transforma en servicio, cercanía y compromiso con quienes necesitan acompañamiento.
De Itatí a la vida cotidiana
La peregrinación no termina necesariamente al llegar al santuario. El desafío es llevar aquello que se vivió durante el camino a las familias, las escuelas, las universidades, los trabajos, las comunidades y cada espacio donde los jóvenes desarrollan su vida.
Itatí volvió a ser, de este modo, un punto de encuentro para una juventud que camina con María, pero que está llamada a continuar el camino con esperanza, solidaridad y espíritu de servicio.










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