La Sociedad de Peregrinos de la Virgen del Rosario completó su 92.ª peregrinación a la basílica correntina. Con la emoción del deber cumplido, el pueblo peregrino renovó una tradición que manifiesta la vitalidad de la fe compartida.
El abrazo de dos comunidades a los pies de María
Pasadas las 17:30, la localidad de Itatí se vistió de fiesta para recibir a los caminantes de la Sociedad de Peregrinos de la Virgen del Rosario, quienes hicieron su ingreso formal por la avenida 25 de Mayo. A solo tres cuadras del santuario se vivió uno de los momentos más conmovedores de la tarde: la imagen peregrina de María de Itatí salió al encuentro de la Virgen del Rosario, en un emotivo cruce que simbolizó la unidad de todo un pueblo.
La comitiva estuvo encabezada por el rector del santuario, el Padre Claudio Muñoz, quien presenció por primera vez este gesto de recepción mutua. Como bien recuerda el Papa Francisco en la exhortación Evangelii Gaudium (n. 122), la piedad popular no es una forma pasiva de religiosidad, sino una verdadera fuerza evangelizadora donde el pueblo fiel se busca y se reconoce hermano. Ese encuentro en la calle, antes de cruzar el umbral del templo, reflejó la riqueza de un Pueblo de Dios que camina unido en medio de las pruebas de la historia.
Polvo en los caminos y un gesto de profunda humildad
Con el cansancio acumulado tras el trayecto y “con todo el polvo de los caminos” sobre sus ropas, los peregrinos iniciaron el tramo final entonando a una sola voz su tradicional himno. Frente al atrio, el Padre Muñoz les dio la bienvenida, rezó junto a ellos un Avemaría y los invitó a ingresar a la casa de la Patrona de Corrientes.
El ingreso al santuario estuvo cargado de signos corporales y espirituales. Tras la entrada de ambas imágenes, los fieles avanzaron de rodillas por el pasillo central de la basílica, cumpliendo con una histórica tradición de penitencia y gratitud. Al alcanzar el presbiterio, besaron el suelo frente a la imagen auténtica de la Virgen de Itatí.
Las expresiones de la devoción popular (cf. numerales 1674 y 1675 del magisterio sobre la oraciones de la Iglesia) demuestran cómo la fe encarna en la vida cotidiana a través de gestos concretos: el cansancio ofrecido, la postura de rodillas y el beso a la tierra santa son manifestaciones de una profunda humildad que dignifica al ser humano al poner su confianza en Dios.
Caminar juntos hacia el encuentro cotidiano
La llegada de la 92.ª Peregrinación nos deja una enseñanza que va más allá de un acontecimiento anual. El peregrinar enseña que nadie se salva solo ni camina aislado; es en el esfuerzo compartido, en el aliento mutuo a lo largo del camino y en el abrazo fraternal donde la comunidad encuentra su sentido más profundo.
El ejemplo de humildad y perseverancia que regalaron los peregrinos en Itatí invita a reflexionar sobre nuestro propio caminar diario. Que esta muestra de fe sea una llamada a llevar esa misma actitud de servicio, encuentro y fraternidad a nuestras familias, lugares de trabajo y barrios, haciendo de la vida cotidiana un camino permanente hacia el prójimo.










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