Las declaraciones del intendente de Monte Caseros, Juan Carlos Álvarez, sobre la crisis social y financiera desataron una fuerte reacción vecinal. En Radio Dos, el jefe comunal advirtió que la ciudad dejó de recibir entre 250 y 300 millones de pesos por coparticipación y reconoció que “ya ni se quejan si los vecinos pueden pagar los impuestos”. También alertó que esa caída borró los ahorros destinados a salarios y que no avizora mejoras en el corto plazo.
Sin embargo, el diagnóstico derivó en un aluvión de críticas. Vecinos recordaron su respaldo a Javier Milei en el balotaje de 2023, cuando celebró el “cambio” y cuestionó al gobierno anterior. “Usted festejó con motosierra”, le reprochan ahora, cuestionando la falta de previsión frente a un escenario que —según plantean— era previsible.
El malestar también apunta al manejo de los recursos. Se multiplicaron cuestionamientos por los gastos en espectáculos masivos, carnavales y eventos como el Arena Fest durante el verano, así como por la inversión en un equipo profesional de básquet con jugadores de afuera. “Hizo joda gratis todo el verano”, “¿de dónde salió la plata?”, repiten en redes, contrastando esos desembolsos con una ciudad que describen deteriorada.
A esto se suman denuncias por precarización laboral: empleados municipales que “aguantan porque es lo único que tienen” y reclamos por salarios bajos frente a sueldos políticos considerados altos. Mientras Álvarez insiste en la caída de ingresos, crece la percepción de que la crisis no es solo económica, sino de prioridades y credibilidad en una gestión cada vez más cuestionada.










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