Miles de correntinos colmaron este sábado 3 de mayo las calles del centro capitalino para celebrar la Fiesta de la Santísima Cruz de los Milagros. En la misa solemne, el arzobispo monseñor José Adolfo Larregain lanzó un mensaje que fue más allá de lo espiritual: convocó al pueblo a construir fraternidad concreta frente a la fragmentación social, las heridas económicas y la indiferencia.
La ciudad de Corrientes vivió este 3 de mayo una de sus celebraciones más profundas y representativas: la festividad de la Cruz de los Milagros, una tradición que atraviesa la historia, la identidad y la espiritualidad del pueblo correntino. Durante toda la jornada se desarrollaron actividades litúrgicas bajo el lema “Busca la paz y sigue tras ella”, con misas, momentos de oración y la esperada procesión que convocó a miles de fieles.
La jornada comenzó desde temprano con misas a lo largo de la mañana y continuó por la tarde con una emotiva procesión por las calles céntricas. A las 15:30 inició la procesión por las calles Belgrano, Buenos Aires, 25 de Mayo, Salta y nuevamente Belgrano. Media hora más tarde, a las 16:00, salió la réplica de la Cruz de los Milagros, símbolo central de esta histórica devoción.
Al concluir el recorrido procesional, el arzobispo de Corrientes, monseñor José Adolfo Larregain, presidió la misa solemne en el Santuario. En su homilía, el prelado tomó como eje el Evangelio de Juan —donde Jesús se presenta como “el Camino, la Verdad y la Vida”— y desde allí trazó un puente directo hacia la realidad social del pueblo: “Creer no es evadir la realidad, sino atravesarla con la certeza de que el Señor camina a nuestro lado”, señaló ante la asamblea de fieles.
Larregain no esquivó los conflictos del presente. Con tono pastoral pero sin rodeos, señaló a la fragmentación, la indiferencia y la confrontación como males que erosionan el tejido social, y llamó a la comunidad a ser “testigos de una fraternidad concreta”. “La caridad cristiana se vuelve creíble cuando se hace cercanía, cuando se traduce en gestos sencillos pero verdaderos”, afirmó. El llamado fue explícito: tender puentes, cuidar a los más frágiles y no quedarse en palabras vacías.
El arzobispo también hizo referencia al nuevo pontificado. Junto a las palabras del papa Francisco, citó al papa León XIV para sostener que la fe auténtica no aparta de la historia sino que compromete más hondamente con ella, “con una confianza activa y esperanzada”. En ese marco, el mensaje de la homilía tuvo una dimensión política y social insoslayable: frente a las tensiones económicas y la incertidumbre que atraviesa la provincia y el país, la Cruz de los Milagros fue presentada como “un faro que no se apaga”.
“La esperanza cristiana no es ingenua ni superficial: nace del amor de Dios derramado en nuestros corazones”, dijo Larregain, citando la Carta a los Romanos. Y cerró con una doble invocación —a la Cruz y a Nuestra Tiernísima Madre de Itatí— que resumió el espíritu de la jornada: “Que, como nuestros antepasados, sepamos refugiarnos bajo su protección y, desde allí, trabajar por un pueblo más justo, más unido y más fiel al Evangelio.”
La Cruz de los Milagros es un símbolo de pertenencia, memoria y continuidad histórica. Cada año, la multitud que acompaña la procesión reafirma una identidad que combina fe, tradición y comunidad en el corazón de la capital correntina. Esta edición 2025 quedó marcada, además, por ser la primera en que Larregain presidió la celebración como arzobispo titular, imprimiéndole un sello pastoral de fuerte énfasis en lo social. Como cierre de la jornada y del Mes de Corrientes, desde las 19 horas se desarrolló un festival artístico frente al templo, con participación de artistas locales y expresiones culturales tradicionales.










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