Desde Budapest, monseñor Michael W. Banach envió una carta formal al presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Marcelo Colombo, para anunciarse como nuevo Nuncio Apostólico en el país. La misiva, fechada el 14 de mayo de 2026, revela su lema episcopal, su visión de la misión y su apego a la Virgen de Luján.
Con membrete de la Nuntiatura Apostólica en Hungría y fechada el 14 de mayo de 2026 —Fiesta de San Matías Apóstol—, monseñor Michael W. Banach tomó la pluma para presentarse ante la Iglesia argentina antes de pisar suelo porteño. El destinatario de la carta fue monseñor Marcelo Daniel Colombo, arzobispo de Mendoza y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, a quien le pidió que extendiera su saludo fraterno a todos los obispos del país.
El gesto protocolar tiene un peso institucional preciso: el Nuncio Apostólico es el representante personal del Papa ante un Estado y ante la Iglesia local, un cargo diplomático y eclesial de primer orden. El nombramiento de Banach para Argentina, comunicado por el propio Vaticano, lo pone al frente de una de las representaciones más relevantes de América Latina.
En la carta, el nuevo Nuncio reconoció haberse detenido a reflexionar sobre las palabras que el papa León XIV dirigió a los nuncios apostólicos en la Reunión de Representantes Pontificios celebrada en Roma el año pasado. El Papa les había pedido que transmitieran en sus países que la Iglesia “está siempre dispuesta a todo por amor, que está siempre del lado de los últimos, de los pobres, y que siempre defenderá el sacrosanto derecho a creer en Dios”. Esa cita papal opera en la carta como la brújula que orienta la misión que Banach asume.
El nuevo Nuncio definió su tarea con precisión: fortalecer los vínculos de unidad entre la Santa Sede y las Iglesias particulares de Argentina. Para ello, invocó su lema episcopal —Humanitate et Caritate, humanidad y caridad— como el espíritu con el que buscará cumplir ese mandato. Y encomendó desde ya su misión a la intercesión de Nuestra Señora de Luján, la patrona de Argentina, un gesto que no pasará inadvertido en el país.
“Me apresuro a cruzar el umbral del suelo argentino”, escribió Banach, dejando en claro que su arribo es inminente. La carta cierra con buenos deseos para la Solemnidad de la Ascensión y para Pentecostés, y con un pedido de oración que suena a genuina humildad antes que a fórmula de cortesía.
La llegada de un nuevo Nuncio siempre marca un momento de atención para la Iglesia local. Su figura incide en la relación entre Roma y los obispos argentinos, en el eventual nombramiento de nuevos pastores y en la sintonía entre la agenda vaticana y las prioridades pastorales del país. Monseñor Banach llega con un mensaje claro desde el arranque: su misión será la de un puente, tendido con humanidad y caridad, entre el Papa y el pueblo argentino.










0 Comments