El pasado sábado, la maratón “Cayetano Solidario” movilizó a la comunidad para ayudar a los comedores de El Buen Samaritano. Durante doce horas, el aire de la 102.5 FM se convirtió en el punto de encuentro donde el compromiso con el prójimo se hizo gesto concreto.
Manos que se unen para sostener la mesa del hermano
Hay jornadas que marcan el pulso de una comunidad y nos recuerdan de qué estamos hechos. El pasado sábado 29 de agosto, los estudios de Radio San Cayetano —en la calle Santa Fe 752— no solo transmitieron música y palabras: se transformaron en un ir y venir ininterrumpido de vecinos que se acercaron a tender una mano. Durante doce horas consecutivas, de 9 a 21, la maratón “Cayetano Solidario” puso en marcha un engranaje de fraternidad que superó las expectativas.
Lo reunido tuvo un destino indispensable: los cuatro grupos de El Buen Samaritano que sostienen la ayuda alimentaria en las comunidades de San Francisco Solano, Jesús Nazareno, San Juan Bautista y la Iglesia Catedral. Allí, donde la realidad aprieta, cada plato de comida es mucho más que un alivio material; es la certeza viva de no estar solo.
En su encíclica Deus caritas est (n. 20), Benedicto XVI explicaba que la caridad no es para la Iglesia una especie de actividad de asistencia social que se podría dejar a otros, sino una parte esencial de su propia naturaleza. Eso fue precisamente lo que se respiró durante el fin de semana: la comunicación no funcionó como un simple transmisor de datos, sino como una mesa servida donde el amor fraterno tomó forma. Como nos recuerda el Papa Francisco en Fratelli tutti (n. 67), la parábola del Buen Samaritano nos interpela a no pasar de largo frente al sufriente, sino a detenernos, tocar la herida y hacernos cargo.
Mucho más que insumos: devolver la dignidad
A lo largo del día, la generosidad tomó múltiples formas. Se acercaron alimentos no perecederos como leche en polvo, azúcar, yerba y galletitas, junto a ingredientes clave para la cocina diaria de los comedores: carne, pollo, arroz, fideos y verduras. También se sumaron elementos para la logística de las viandas —como bandejas térmicas y cubiertos descartables— y productos de higiene personal. Mientras las donaciones se acomodaban, diversos artistas locales regalaron su música en vivo, aportando un clima de fiesta y profunda esperanza a la transmisión.
Detrás de cada paquete o de cada bandeja descartable entregada no hay un mero número asistencial. Como señalaba San Juan Pablo II en Sollicitudo rei socialis (n. 38), la auténtica solidaridad no es un sentimiento de vaga compasión, sino la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común. En la tradición de la fe, el cuidado de los más vulnerables busca devolver a cada persona la conciencia plena de su propia dignidad (cf. numeral 2444 sobre el amor preferencial por los necesitados).
La esperanza como tarea cotidiana
La jornada de “Cayetano Solidario” nos dejó una lección que trasciende la emisión del sábado: la transformación social y el alivio del dolor ajeno no dependen de estructuras lejanas, sino del coraje de no mirar hacia otro lado en lo cotidiano.
Aunque la transmisión haya apagado sus micrófonos por esta vez, las necesidades de nuestros comedores continúan. Que este gesto colectivo nos impulse a mantener la mirada atenta en nuestros barrios. Apoyar las obras de nuestra parroquia, colaborar con los comedores locales o simplemente acercarnos a quien atraviesa un momento difícil son las formas sencillas, pero revolucionarias, de hacer que la fe siga teniendo un rostro humano día a día.










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