¿Cuáles son los dones del Espíritu Santo?

Este articulo se publico el día
22 de mayo de 2026

Este domingo 24 de mayo, la Iglesia celebra a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo. Es el día de Pentecostés.

Esta solemnidad tiene lugar cincuenta días después del Domingo de Resurrección, y con ella se pone fin al tiempo de Pascua. La Sagrada Escritura testimonia que, tras la venida del Espíritu Santo, los Apóstoles recibieron dones especiales que les dieron el aliento y las fuerzas para desplegar su misión evangelizadora en el mundo.

En una entrevista con ACI Prensa algunos en 2021, Mons. José Ignacio Munilla, actual obispo de Orihuela-Alicante (España), recordaba cuáles son “los dones del Espíritu Santo” y cómo nos ayudan a avanzar en el camino de la santidad.

Los dones del Espíritu Santo -tal y como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica- son siete. Según monseñor Munilla, esos siete dones “son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo”. Nos sostienen y nos permiten alcanzar la cumbre de la vida moral y espiritual como cristianos: “Sin los dones del Espíritu Santo no es posible alcanzar la cima de la santidad”, subrayó el obispo.

Mons. Munilla advertía asimismo que estos “dones” no son equivalentes al puro ejercicio de la virtud, y que para entender su importancia “podríamos poner la comparación entre un velero impulsado por el viento y una barca desplazada con remos”. Mientras que el ejercicio de las virtudes supone esfuerzo –el impulso con los remos– , los dones no, estos vienen “de fuera”, mejor dicho, “de lo alto”, es decir, de Dios, son gratuitos y vienen muy bien porque impulsan “la nave” y aligeran su desplazamiento.

Si bien en la vida espiritual “los dones y las virtudes están mezclados — concluía Mons. Munilla–, lo lógico suele ser que conforme se va avanzando en la vida espiritual, los dones cada vez alcanzan mayor protagonismo”..

1. Don de entendimiento

Este don “perfecciona la virtud teologal de la fe” y “abre el conocimiento de las Escrituras Sagradas”.

“Nos permite vivir la sinfonía de la fe, contemplando el conjunto de la Revelación como una gran armonía”, agregó.

2. Don de sabiduría

Mons. Munilla señaló que este don perfecciona la virtud de la caridad, y resaltó que “si tenemos en cuenta que la virtud de la caridad es la más excelente, entenderemos por qué el don de sabiduría es el más excelente”.

“Es el ‘don de los dones’”, dijo. “Así como lo propio del don del entendimiento es la intuición de las verdades de fe, lo propio del don de sabiduría es saborearlas internamente”, añadió.

El obispo indicó, además, que este don nos lleva a un “conocimiento sabroso y experiencial, que llena el alma del gusto interior por las cosas de Dios”.

3. Don de ciencia

“Al igual que el don de entendimiento, perfecciona también la virtud teologal de la fe. Nos permite conocer las cosas creadas, el corazón del hombre y la historia humana con una intuición penetrante. No se trata meramente de un don de profecía, sino del don de apreciar las huellas de Dios en todo”, afirmó.

4. Don de consejo

Mons. Munilla explicó que este don “perfecciona la virtud de la prudencia y el discernimiento humano” y ayuda a “pensar según la lógica divina”.

“Nos permite conocer con prontitud la voluntad de Dios, así como los caminos adecuados para abrazarla”, resaltó.

5. Don de fortaleza

Respecto a este don, comentó que “robustece la voluntad más allá de sus capacidades naturales para poder practicar las virtudes en grado heroico, superando todo tipo de obstáculos”. Así, pues, “perfecciona la virtud cardinal de la fortaleza, al mismo tiempo que perfecciona la virtud teologal de la esperanza”, subrayó.

6. Don de piedad

Mons. Munilla explicó que este don “perfecciona la virtud de la justicia y de la religión” e infunde “un profundo afecto filial a Dios, con un sentimiento de fraternidad con todos los hombres”.

“El don de piedad es el que introduce el ejercicio de la oración en la experiencia mística”, agregó.

7. Don de temor de Dios

Finalmente, Mons. Munilla resaltó que el temor de Dios “perfecciona la virtud de la humildad” y “concede un profundo sentido reverencial hacia la majestad de Dios”.

“Nos alcanza la conciencia de nuestra pequeñez y de la necesidad de la gracia; así como una determinada determinación de evitar el pecado”, concluyó.

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