Miles de fieles desbordaron las calles de Corrientes en una procesión histórica que unió fe y reclamo social; el Arzobispo Larregain advirtió sobre las “heridas” de la crisis actual.
Bajo un sol que acompañó la devoción popular, la ciudad de Corrientes vivió este 3 de mayo una de las ediciones más masivas de la Fiesta de la Cruz de los Milagros. Una multitud que superó la convocatoria del año anterior marchó por el casco histórico no solo para renovar una tradición de 1588, sino para elevar un grito unánime frente a la incertidumbre financiera y la creciente conflictividad social que atraviesa el país.
El evento, encabezado por el arzobispo José Adolfo Larregain y el párroco Ramón Billordo, partió a las 16:00 desde el santuario de la calle Belgrano. La procesión, que incluyó las imágenes de la Virgen de Itatí y San Luis del Palmar, se convirtió en una caja de resonancia de la realidad argentina. El “porqué” de esta movilización fue claro: la Iglesia correntina buscó posicionar la fe como un “faro” ante lo que calificaron como las “heridas económicas” de la sociedad, llamando a la fraternidad para evitar que la crisis derive en violencia.
Durante la homilía central, el mensaje fue directo y con un fuerte tinte político-social. Larregain subrayó que la Cruz no es solo un símbolo histórico, sino una herramienta de esperanza en tiempos de “fragmentación e indiferencia”. El prelado instó a los presentes a pasar de la oración a la acción solidaria, remarcando que la fe debe traducirse en un compromiso real con los más vulnerables, golpeados por la inflación y la inestabilidad.
El operativo de seguridad, a cargo de la Policía de Corrientes y Tránsito municipal, escoltó el recorrido de 14 cuadras que culminó en un clima de paz, a pesar del trasfondo crítico del mensaje eclesiástico. El cierre de la jornada cambió el tono solemne por uno de celebración cultural. En la Plaza de la Cruz, un festival que contó con la participación de figuras como Los Bofill y la Orquesta Folklórica Herminio Giménez, puso el broche de oro a una jornada donde la fe correntina demostró, una vez más, que sigue siendo el principal motor de cohesión social en momentos de crisis.










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