Durante el juicio por la desaparición de Loan Danilo Peña, testimonios clave expusieron las maniobras que buscaron desviar la búsqueda. Frente al engaño, la movilización por la verdad reafirma el valor innegociable de proteger la vida y la dignidad de los más pequeños.
En las recientes audiencias ante el Tribunal Oral Federal de Corrientes por la sustracción y ocultamiento del pequeño Loan Danilo Peña, las declaraciones aportaron definiciones contundentes. José Manuel Ojeda, entonces jefe del Cuartel de Bomberos Voluntarios de 9 de Julio y director de Defensa Civil, afirmó con firmeza que los equipos de rescate fueron engañados durante los primeros rastrillajes en El Algarrobal, sosteniendo que el niño ya no se encontraba en el lugar y descartando de plano la posibilidad de un accidente vial en la zona.
El testimonio de Ojeda dio cuenta de un despliegue sin precedentes de 983 uniformados y la búsqueda en más de 35.000 hectáreas. Esta entrega humana inmensa, pese a los intentos de reorientar las tareas mediante pistas falsas como el botín “plantado”, demostró la disposición absoluta de una comunidad por rescatar a un inocente. A estas palabras se sumaron las declaraciones de otros testigos sobre hallazgos de teléfonos celulares y tareas sospechosas, configurando un escenario donde la justicia debe abrirse paso sin vacilaciones.
Frente al engaño que intenta ocultar el paradero de un niño, la mirada creyente recuerda que la verdad es una exigencia moral irrenunciable y el fundamento indispensable sobre el cual se edifica la justicia y la paz social (cf. Veritatis Splendor, n. 99). Intentar desviar a quienes entregan su esfuerzo por una causa noble hiere profundamente a la comunidad, pero también pone de manifiesto la reserva de solidaridad de un pueblo que no se rinde ante la mentira.
Cada niño posee una dignidad inviolable que exige la máxima protección de la sociedad (cf. numerales 2211 y 2228 sobre el amparo y respeto debidos a los más vulnerables). El cuidado de la infancia no es una tarea aislada, sino un compromiso ético colectivo. Cuando el amor por la verdad guía las acciones, las maniobras de ocultamiento pierden fuerza frente a la determinación de hacer valer el derecho de cada ser humano a ser buscado, protegido y custodiado.
El avance del proceso judicial debe ser un motivo para renovar el compromiso comunitario con la justicia y la protección de los más débiles. La perseverancia en la búsqueda de la realidad demuestra que la luz siempre es más fuerte que la confusión.
Que el dolor provocado por este hecho se transforme en una llamada urgente a la unidad, a la vigilancia solidaria en nuestros barrios y a la exigencia de rectitud en todas las instituciones. Cuidar a nuestros niños y no bajar los brazos en la búsqueda de la verdad son las bases esenciales para edificar una sociedad verdaderamente fraterna.










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