La congregación de Don Bosco y las hermanas de María Auxiliadora dicen que “el Estado, la escuela, la familia, la parroquia, los grupos asociativos (…) están llamados a ser lugares donde los menores puedan sentirse reconocidos, escuchados y acompañados”
Tras el asesinato de Agostina Vera en Córdoba, en un hecho que conmocionó al país, La congregación salesiana de Don Bosco y las hermanas de María Auxiliadora subrayaron “el desafío de asumir colectivamente nuestra responsabilidad de cuidar y acompañar la vida de nuestros jóvenes”.
En una declaración manifiestan su unidad “en el dolor de su familia, de sus seres queridos y de toda la comunidad que pide justicia” y señalan que “una vez más, la realidad nos enfrenta al sufrimiento de tantos niños, niñas, adolescentes y jóvenes cuyas vidas se ven atravesadas por situaciones de violencia y vulnerabilidad”.
“En este contexto, creemos necesario renovar la convicción de que el cuidado de las infancias y de las adolescencias es una responsabilidad compartida”, señalan.
Agregan que “el Estado, la escuela, la familia, la parroquia, los grupos asociativos y cada espacio comunitario están llamados a ser lugares donde cada niño, niña, adolescente o joven pueda sentirse reconocido, escuchado y acompañado. Custodiar la vida que crece es una tarea que nos involucra a todos”.
“Hoy -aseveran- el dolor nos atraviesa y nos invita al silencio respetuoso. Las explicaciones simplistas y los señalamientos apresurados poco ayudan a comprender la complejidad de lo sucedido. El desafío consiste en asumir colectivamente nuestra responsabilidad de cuidar y acompañar la vida de nuestros jóvenes”.
Subrayan que “los pibes y pibas nos necesitan. Esperan y buscan adultos presentes, capaces de escuchar, de advertir señales de sufrimiento, de acompañar procesos complejos y de ofrecer ayuda oportuna cuando es necesaria”.
Puntualizan que “muchas veces, el cuidado comienza con gestos sencillos: una conversación, una pregunta, una presencia que permanece”.
“Como herederos del sueño de Don Bosco y de Madre Mazzarello, renovamos nuestro compromiso de seguir habitando los patios de nuestros jóvenes, allí donde transcurren sus alegrías, sus búsquedas y también sus fragilidades”, sostienen.
En ese sentido, afirman: “No claudicamos: queremos ser una comunidad que acoge, que cuida, que previene y que acompaña”.
“Toda nuestra solidaridad, cercanía y oración con la familia de Agostina y con todas las víctimas de la violencia que sigue golpeando la vida de nuestras infancias y adolescencias”, concluyen.










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