Este 18 de mayo se conmemora el Día de la Escarapela Argentina, el símbolo patrio que desde 1812 une a los argentinos bajo los colores que Manuel Belgrano impulsó como emblema de identidad, libertad y pertenencia nacional. Radio San Cayetano 102.5 se suma al homenaje.
Cada 18 de mayo, la Argentina se detiene a mirar ese pequeño distintivo de tela que millones de ciudadanos llevan sobre el pecho con orgullo: la escarapela. Más que un adorno, es un símbolo que condensa siglos de historia, el recuerdo de quienes se jugaron la vida por construir una nación libre y el compromiso colectivo de sostener lo que ellos fundaron.
Los colores celeste y blanco que la distinguen no nacieron por azar. Acompañaron a los patriotas durante los días convulsionados de la Revolución de Mayo y fueron reconocidos oficialmente en 1812 por iniciativa de Manuel Belgrano, el prócer que comprendió antes que nadie que un pueblo necesita símbolos para reconocerse como tal. Desde entonces, la escarapela dejó de ser un distintivo militar para convertirse en el emblema civil más democrático de la Argentina: la lleva el niño en la escuela, el trabajador en la fábrica y el funcionario en el despacho.
Llevarla en el pecho es, en el fondo, un acto de memoria. Recordar a los que cruzaron el Río de la Plata, los que marcharon hacia los Andes, los que pusieron su firma en documentos que cambiaron el destino de esta parte del continente. La escarapela no congela ese pasado: lo trae al presente como interpelación, como pregunta sobre qué significa hoy ser argentino y qué vale la pena defender.
En tiempos en que la fragmentación social aparece como uno de los grandes desafíos del país, la fecha invita a algo más que al gesto protocolar de prenderse el distintivo en la solapa. Es una convocatoria a los valores que le dieron sentido a esos colores desde el principio: unidad, respeto y solidaridad entre los argentinos.
Radio San Cayetano 102.5, la voz de la iglesia en Corrientes, se suma hoy a ese homenaje. Porque celebrar la escarapela no es mirar el pasado con nostalgia, sino asumir con orgullo y responsabilidad la herencia de quienes soñaron —y construyeron— una patria libre y soberana.










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