A una década del Congreso Eucarístico Nacional de Tucumán, Monseñor José Adolfo Larregain reflexionó sobre la identidad del pueblo argentino, la crisis de esperanza y la necesidad de recuperar valores que permitan construir un futuro común.
A diez años del Congreso Eucarístico Nacional celebrado en San Miguel de Tucumán bajo el lema “Jesucristo, Señor de la Historia, te necesitamos”, el arzobispo de Corrientes, Monseñor José Adolfo Larregain, realizó una profunda reflexión sobre la actualidad del país y el significado de una frase que marcó aquel encuentro: “Argentina canta y camina”.
En una entrevista con Radio San Cayetano 102.5, el prelado recordó que esa expresión forma parte de la tradicional Oración por la Patria y encierra una síntesis de la espiritualidad popular argentina. Según explicó, cantar representa la capacidad de mantener viva la esperanza aun en medio de las dificultades, mientras que caminar significa avanzar juntos como pueblo, sin quedar paralizados por las crisis.
“Un pueblo canta cuando conserva la esperanza. Un pueblo camina cuando tiene un horizonte común. Cuando deja de cantar cae en el desaliento y cuando deja de caminar se fragmenta”, afirmó.
Larregain consideró que la Argentina atraviesa tiempos complejos, pero sostuvo que las soluciones no dependen únicamente de medidas económicas o políticas. A su entender, el desafío principal pasa por reconstruir los vínculos sociales y recuperar valores fundamentales que permitan fortalecer la convivencia.
Entre ellos destacó la amistad social, la cultura del trabajo, la solidaridad, el diálogo y la capacidad de pensar en las futuras generaciones. También advirtió sobre la pérdida del sentido de trascendencia en la vida pública y privada.
“Un pueblo que pierde toda referencia a Dios corre el riesgo de absolutizar el poder, el dinero o las ideologías”, señaló.
Durante la entrevista también fue consultado sobre el fenómeno que se vive cada vez que la Selección Argentina disputa una Copa del Mundo. Para el arzobispo, esas celebraciones reflejan una necesidad profunda de pertenencia y de encuentro.
“Cuando la gente sale a la calle a festejar un gol o un campeonato descubre algo muy importante: que forma parte de un mismo pueblo. Por unos días desaparecen las diferencias y aparece una alegría compartida”, explicó.
Sin embargo, planteó que el gran desafío consiste en trasladar esa experiencia de unidad a la vida cotidiana. “Hay que pasar del grito de un gol a un proyecto de nación. Transformar la alegría ocasional en una esperanza duradera”, expresó.
En ese sentido, remarcó que los argentinos comparten anhelos comunes: vivir con dignidad, tener trabajo, brindar un futuro mejor a los hijos, sentirse seguros y formar parte de una sociedad más justa. Por eso insistió en que la construcción del país debe apoyarse en sueños colectivos y no solamente en intereses individuales.
“No habrá una Argentina reconciliada sin argentinos reconciliados. No habrá una Argentina solidaria sin ciudadanos solidarios. No habrá una Argentina esperanzada sin hombres y mujeres capaces de sembrar esperanza”, reflexionó.
Finalmente, sostuvo que la frase “Argentina canta y camina” sigue teniendo plena vigencia porque representa una invitación a no resignarse frente a las dificultades y a seguir construyendo el bien común bajo la protección de la Virgen de Luján y con la confianza puesta en Dios.
Diez años después del Congreso Eucarístico de Tucumán, el mensaje conserva una actualidad sorprendente. En un país atravesado por desafíos económicos, sociales y culturales, Monseñor Larregain propuso volver a mirar más allá de las diferencias y recuperar la esperanza compartida. Porque, como recordó, cantar es agradecer y esperar; caminar es asumir la responsabilidad de construir juntos una Argentina más unida, fraterna y solidaria.










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