Los números meten miedo y la realidad en nuestras avenidas es cada vez más complicada. Un informe reciente confirmó lo que muchos vemos a diario: en la región, 6 de cada 10 accidentes de tránsito tienen a una moto como protagonista. No son solo estadísticas de un papel; son familias rotas y guardias de hospitales que no dan abasto por una epidemia sobre dos ruedas que no parece tener freno.
El dato que más preocupa a los especialistas es la vulnerabilidad. En un choque entre un auto y una moto, el que lleva las de perder siempre es el motociclista, que muchas veces termina con lesiones graves o algo peor. La falta de casco, el exceso de velocidad y las maniobras arriesgadas para “ganar un segundito” en el semáforo se están convirtiendo en una combinación fatal en nuestras esquinas.
Pero ojo, que la culpa no es siempre del que maneja la moto. El desorden del tránsito, la falta de señalización y la poca paciencia de los conductores de vehículos más grandes también suman leña al fuego. Lo cierto es que, mientras las calles sigan siendo una selva donde cada uno hace lo que quiere, estas cifras van a seguir subiendo.
Es hora de que bajemos un cambio. Necesitamos más controles, sí, pero sobre todo más conciencia al manubrio y al volante. Usar el casco no es para evitar una multa, es para volver a casa. Si no entendemos que la calle es de todos y que la vida vale más que un apuro, los números del próximo informe van a ser todavía más dolorosos.










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