Un libro revela la intimidad del Papa argentino a través del vínculo personal con un periodista que lo trataba como “Padre”.
A casi un año de la muerte de Papa Francisco, el periodista vaticano Salvatore Cernuzio publica Padre, una obra que se mete de lleno en la trastienda más íntima del pontífice argentino. Lejos del protocolo y la figura institucional, el libro reconstruye una relación personal que comenzó casi de casualidad, con una carta entregada durante un viaje a Irak en 2021 y que terminó en llamados, encuentros y una cercanía poco habitual.
Ese vínculo permitió conocer a un Francisco distinto: el que recibía con un alfajor argentino en la residencia de Casa Santa Marta, el que guardaba helado de dulce de leche en una pequeña heladera o el que rompía el hielo con bromas, incluso frente a figuras como Giorgia Meloni. Detalles simples que, según el autor, muestran a un Papa coherente con su estilo austero y cercano.
El libro también aporta revelaciones. En una charla sobre nuevos cardenales, Francisco definió sin vueltas al entonces obispo Robert Francis Prevost como “un santo”. Y en otro pasaje, durante su internación en el Hospital Gemelli en 2025, se describe el clima de reserva total en torno a su salud, con acceso restringido a un círculo muy reducido. Aun así, Cernuzio logró visitarlo, reflejando el nivel de confianza que habían construido.
Entre los recuerdos más impactantes aparece también la respuesta del Papa sobre uno de los momentos más icónicos de su pontificado: aquella oración en soledad en una Plaza de San Pedro vacía durante la pandemia. Consultado sobre qué pensaba en ese instante, respondió con su típico humor: “En no resbalarme”.
Más allá de las anécdotas, el eje del libro pasa por su humanidad. Según el periodista, Francisco tenía una capacidad única de escuchar y hacer sentir importante a quien tenía enfrente, incluso en medio de responsabilidades enormes. En sus últimos meses, esa cercanía convivía con el dolor por las guerras y la frustración de no poder concretar viajes que deseaba, como a Gaza o China.
Padre no busca idealizar, sino mostrar a un líder atravesado por emociones, cansancio y preocupaciones reales. A un año de su partida, el retrato que deja Cernuzio refuerza una idea que marcó su pontificado: detrás del Papa, siempre hubo un hombre de carne y hueso.










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